¿Qué es un Libro de Recuerdos?
Un libro de recuerdos es mucho más que un cuaderno para guardar fotografías, dibujos o anécdotas. En el contexto del duelo infantil, puede convertirse en un afrontamiento de conexión: un espacio simbólico donde el niño o la niña puede seguir vinculándose con quien ha muerto, expresar lo que siente y empezar a comprender, poco a poco, lo que significa la pérdida.
Cuando muere una mascota, especialmente si ha formado parte de la vida cotidiana del niño, no desaparece “solo” un animal. Desaparece una presencia, una rutina, una forma de compañía y una relación concreta. Para muchos niños y niñas, esta puede ser su primera experiencia significativa con la muerte.
A diferencia del duelo adulto, el duelo infantil no siempre se expresa con palabras. Los niños pueden estar tristes un momento y, al rato, jugar, reír o pedir merendar. Esto no significa que no estén sufriendo, ni que hayan olvidado. Su manera de afrontar el dolor suele ser más intermitente, más corporal, más conductual y más ligada al juego.
Como explica Patricia Díaz Seoane (2016), el duelo infantil está influido por la edad, el desarrollo cognitivo y emocional, el vínculo con quien ha muerto, los recursos internos del niño y el acompañamiento que recibe de su entorno. Por eso, no podemos esperar que los niños elaboren una pérdida de la misma forma que los adultos.
Además, los niños y niñas interpretan la muerte desde su momento evolutivo. Su pensamiento puede ser más concreto, literal o incluso mágico, y necesitan explicaciones claras, honestas y adaptadas a su edad. Pueden hacerse preguntas como: “¿va a volver?”, “¿le duele?”, “¿por qué ha muerto?” o “¿yo también me voy a morir?”.
Responder con calma y sinceridad les ayuda a construir una comprensión más realista de la muerte. Evitar el tema o utilizar metáforas confusas como “se ha dormido” o “se ha ido” puede generar más miedo, confusión o ideas difíciles de corregir más adelante.
Aquí es donde un libro de recuerdos puede tener tanto sentido, pues ofrece un lugar seguro al que volver cuando lo necesite.
Un libro de recuerdos permite dibujar, escribir, pegar fotografías, recordar anécdotas, hacer preguntas, crear pequeños rituales y dar forma a una experiencia que muchas veces la infancia vive intensamente, pero no siempre sabe cómo explicar.
También ayuda en el afrontamiento porque permite ordenar lo ocurrido. La pérdida deja de ser algo invisible o innombrable y pasa a tener un espacio dentro de la historia familiar. Lo que ha pasado puede narrarse, tocarse, compartirse y recordarse.
Desde esta mirada, recordar puede ser una forma de integrar, agradecer y seguir queriendo de otra manera. Esta idea conecta con el modelo de los lazos continuados (Klass, Silverman y Nickman, 1996), que plantea que el vínculo con quien ha muerto no tiene por qué romperse, sino transformarse.
Por eso, un libro de recuerdos es un libro para recordar.
Un espacio donde el niño o la niña puede decir:
“esto fue importante para mí”,
“esto lo echo de menos”,
“esto quiero conservarlo”,
“esto sigue formando parte de mi historia”.
Un Libro de Recuerdos es una gran oportunidad para compartir el recuerdo en familia, una herramienta que servirá de precedente para elaborar futuros duelos porque ayuda a poner palabras, imágenes y gestos a una experiencia que, muchas veces, llega por primera vez a la vida de un niño o una niña (Patricia Díaz Seoane, 2016).
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